martes, 24 de septiembre de 2024

Cosas usadas

En mi vida compré un montón de cosas usadas. Pensar que cada una tiene una historia. Hubieron otras manos sobre ese objeto. Otros ojos, lejanos y desconocidos, lloraron con ese libro que estás sosteniendo. 
Momentos felices se capturaron con esa cámara. 

Esos vasos que heredaste de tu abuela estuvieron en cumpleaños en familia, y en post-velorios. 

Y esa cosa tuvo un sentido en la vida del anterior propietario. 
Quizás esa guitarra la compró con la componerle una canción a la chica que le gustaba hasta que vió que estaba con otro. 

Ese libro quizás fue un regalo que alguien recibió de una persona que ya no ve más, y no quiere tenerlo en la biblioteca para que no se lo recuerde. 

Yo mismo he vendido cosas con las que he vivido situaciones por el estilo. 

Qué energía tendrán impresa esos objetos que pasan de humano a humano. 

La dilusión del valor de las palabras

Antes los libros salían caro. Hoy se pueden bajar. 

Antes la gente hablaba cara a cara, o no hablaba. 
Luego vino el teléfono y permitió hablar más, haciendo que el valor neto de cada palabra disminuya (al haber tantas más, como un efecto inflacionario). 
Luego la televisión.
Después el mensaje de texto. 
Luego YouTube. 
Después la mensajería instantánea. 

Cuando hablar es gratis se dicen pelotudeces, y se desbalancea la ecuación de valor porque todas las voces tienen el mismo volúmen y uno no sabe a cuál otorgar crédito. La abundancia de palabras le quita valor individual a cada una. 

Cosas usadas

En mi vida compré un montón de cosas usadas. Pensar que cada una tiene una historia. Hubieron otras manos sobre ese objeto. Otros ojos, leja...