Antes la gente hablaba cara a cara, o no hablaba.
Luego vino el teléfono y permitió hablar más, haciendo que el valor neto de cada palabra disminuya (al haber tantas más, como un efecto inflacionario).
Luego la televisión.
Después el mensaje de texto.
Luego YouTube.
Después la mensajería instantánea.
Cuando hablar es gratis se dicen pelotudeces, y se desbalancea la ecuación de valor porque todas las voces tienen el mismo volúmen y uno no sabe a cuál otorgar crédito. La abundancia de palabras le quita valor individual a cada una.
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